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Entrelazando el periodismo narrativo y la investigación etnográfica

Por Lenin Martell

En el año 2013, Thorne Anderson y yo emprendimos una nueva aventura. Nuestra pasión por la enseñanza y viajar nos condujo a Tenancingo, un municipio ubicado en el sur del Estado de México, a dos horas de la capital del país. Llevamos a un grupo de estudiantes de la UAEM y de la UNT para enseñarles Periodismo narrativo durante un mes. Tom Huang, editor de la sección dominical y empresarial del periódico The Dallas Morning News, se unió a nosotros como instructor de escritura narrativa. No sabíamos si íbamos a tener éxito, pero teníamos dos cosas en mente: Uno, queríamos fundar una escuela de campo en Periodismo narrativo. Creíamos – y todavía lo consideramos así – que una buena educación en periodismo debe llevar el salón de clases a la realidad en vez de llevar la realidad al salón de clases. Dos, ambos compartimos la idea de que los mexicanos y estadounidenses no son solamente vecinos sino que pertenecemos a la misma familia.

Thorne había viajado bastante por México desde que estudiaba la licenciatura en la década de los ochenta, y yo había estudiado por muchos años en Estados Unidos. Él está embrujado por el carisma mexicano y yo siempre he admirado a los sectores culturales progresistas de la sociedad estadounidense. Los dos estábamos convencidos que nuestro programa podía contribuir a romper estereotipos y motivar el entendimiento social y político entre ambos países. Incluso pensábamos que, con este programa de periodismo, podíamos encausar un cambio en la forma en que estos jóvenes miran al mundo.

El siguiente año, en el 2014, produjimos el proyecto en Valle de Bravo, otro pueblo del Estado de México. Fuimos lo suficientemente afortunados de contar con la colaboración de dos excelentes mentores, David Tarrant y Alfredo Corchado. Algunos estudiantes del 2013 regresaron a participar en el programa con diferentes responsabilidades. En Valle de Bravo, ampliamos el papel de la investigación de las Ciencias sociales, para lo cual invitamos a dos académicos a nuestro entrenamiento intensivo en el salón de clases para hacer presentaciones sobre temas relacionados con nuestra área de estudio. Todos nuestros alumnos estuvieron de acuerdo en que el Corazón de México se había convertido en una de las experiencias más significativas en sus vidas académicas y personales.

En este tercer año, hemos enfocado nuestro proyecto en explorar con profundidad un fenómeno social: la sicología y el impacto emocional de la migración en la población de indígenas mayas de la península de Yucatán. Tanto periodistas como académicos han estudiado en su mayoría este tema en el centro y norte de México, y algunos estados sureños como Puebla y Oaxaca; sin embargo, no han viso mucho más al sur del país.

Incluso, teníamos un objetivo latente: llevar la investigación de las Ciencias sociales de la periferia de nuestro proceso conceptual al centro de nuestro marco conceptual y trabajo de campo. Para ello necesitábamos encontrar un colaborador cientista social quien no sólo estuviera dispuesto a compartir su dominio en el tema, sino que estuviera dispuesto a comprometerse en nuestro proceso experimental.

Ciertamente teníamos mucho que ganar de esta colaboración; sobre todo porque compartíamos la esperanza de que nuestro trabajo pudiera ayudar a aquel colaborador a comunicarse con una audiencia más amplia y menos especializada.

Con esta idea en mente, Thorne y yo volamos a Mérida, la capital del estado de Yucatán, para conocer personalmente a los expertos en migración, Pedro Lewin-Fischer y Estela Guzmán, quienes han conducido juntos investigación etnográfica sobre migrantes en Yucatán por casi 15 años.

Visitamos algunos pueblos mayas antes decidirnos por Tunkás como sede de trabajo. Al llegar, nos dimos cuenta inmediatamente que el pueblo tenía un carisma especial. Nos sorprendió escuchar a mujeres hablar en perfecto inglés con acento tex-mex y vestirse con blusas muy adornadas y pantalones de mezclilla ajustados estilo texano; asimismo, a hombres con shorts guangos y cachuchas de beisbol. Como especialistas de las culturas de Norteamérica, sabíamos que éste era el lugar correcto para llevar a cabo nuestro proyecto.

Dos meses después, nos encontrábamos en el corazón de México – estábamos de vuelta en Tunkás.

En esta edición, nuestro periodismo narrativo se encuentra muy nutrido de las experiencias de investigación de Lewin-Fischer y Guzmán. En un curso intensivo, el doctor Lewin-Fischer presentó los resultados de su investigación a nuestros estudiantes de periodismo. Por medio de diapositivas, números y, ocasionalmente, de ejemplos de extractos de entrevistas con informantes, nuestros alumnos pudieron apreciar los impactos sicosociales en los migrantes tunkaseños con quienes pronto trabajarían.

La Etnografía conserva una larga historia en la disciplina de la Antropología cultural; muchos de sus métodos de estudio de campo son reminiscencia de aquéllos experimentados por el Periodismo narrativo. Ambas disciplinas trabajan con grupos sociales y comparten técnicas de investigación. De hecho, provienen de un campo común. A principios del siglo XX, el sociólogo Robert Park de la Universidad de Chicago estudió cómo los individuos y subgrupos sociales creaban significado a partir de sus experiencias cotidianas; observó cómo ellos desde su propia percepción del mundo podían resolver problemas como la injusticia social. Park explicó cómo las prácticas culturales están relacionadas al individuo o grupo social quien las produce en un contexto particular.

Este argumento ha sido esencial para nosotros, porque la migración – como fenómeno social – se entrelaza con las narrativas individuales, las cuales producen diferentes significados de acuerdo con la gente que los experimenta. Al contar relatos de los tunkaseños, podremos contribuir a la construcción del conocimiento sobre la migración contemporánea interna y aquélla hacia Estados Unidos. El periodismo narrativo tiene la capacidad de comunicar hechos y el potencial de proveer explicaciones profundas sobre asuntos sociales. A diferencia de los trabajos etnográficos, nuestros relatos son narrativas muy estéticas que potencian un mayor alcance en audiencias más amplias y diversas.

Traducir los asuntos de migración en narrativas, requiere de un estudio multidisciplinario de metodologías empíricas, las cuales provienen de varias Ciencias sociales – especialmente la Antropología. Esto nos ha conducido a un nuevo cuestionamiento: ¿Cómo construir un currículo multidisciplinario a través del cual podamos ser capaces de explorar intrínsecamente el Periodismo narrativo, la Migración y la Etnografía? En un futuro cercano, sólo podremos alcanzar nuestras metas si aunamos los esfuerzos de la academia, la industria de los medios, y la experiencia y buena voluntad de profesionales altamente capacitados. En tanto, nuestros siete paquetes de historias reflejan lo que hemos podido producir en un sólo mes.

Vale la pena mencionar que, tanto la academia como los reportes de las organizaciones no gubernamentales han fallado en explicar sus resultados de manera atractiva a audiencias más diversas, más allá de sus lectores especializados. “El Corazón de México: sueños migrantes” intenta romper con esta vieja inercia. En el siglo XXI, éste es uno de los retos de la educación superior. Parece que la narrativa de no ficción ha encontrado una solución, con la cual el proyecto el Corazón de México está comprometido.

No estamos descansando en nuestros laureles. Busquen la edición del Corazón de México 2016 y experimenten redibujar y desdibujar las fronteras entre la práctica y los productos del Periodismo narrativo y las Ciencias sociales.

Estamos enormemente agradecidos con la gente de Tunkas por compartir su comunidad, sus tradiciones y sus historias personales con nosotros.
Tuvimos la suerte de llevar a cabo nuestro proyecto durante feria anual de caballo y rodeo.
Los dejamos con éste vídeo, que hace tributo a ese rico y ruidoso evento producido por Drew Gaines, nuestro periodista en residencia.